De Los Reartes a La Cumbrecita

El camino zigzaguea entre bosques sobre laderas serranas, donde prevalecen los distintos tonos de verde y aguas cristalinas. Da la sensación de estar circulando por rutas europeas.

El Valle de Calamuchita es extenso y está surcado por serranías y una intrincada cuenca hidrográfica que brinda humedad y biodiversidad de fauna y flora. La ruta asfaltada que une Los Reartes con La Cumbrecita ofrece vida a una sucesión de pueblos con influencia alemana que comparten mil colores distintos en el diverso clima del año.

Encaramos un paseo en automóvil de poco más de treinta y cinco kilómetros para conocer el trayecto y llegar hasta una de las más cotizadas poblaciones de la zona.

Desde la rotonda de Los Reartes tomamos la salida hacia la ruta provincial 109. El primer punto intermedio lo constituye Athos Pampa, un pequeño poblado dedicado a la agricultura y con un clima de gran tranquilidad, silencio y pocos servicios, aún.

  • Un valle alpino de cerros escarpados

    Un valle alpino de cerros escarpados

  • El Valle de Calamuchita

    El Valle de Calamuchita

  • Una intrincada cuenca hidrográfica

    Una intrincada cuenca hidrográfica

  • Al pie del cerro Champaquí

    Al pie del cerro Champaquí

  • Un marco incomparable

    Un marco incomparable

  • La Cumbrecita

    La Cumbrecita

A través de un ascenso lento pero constante, llegamos a Intiyaco, una aldea que ha crecido en población y complejos cabañeros gracias a sus balnearios arenosos sobre el río Los Reartes y la posibilidad de encarar caminatas hacia sus miradores en altura.

Al pie del cerro Champaquí encontramos Villa Berna, donde todo nos indicó que sus pobladores son defensores del medio ambiente a ultranza. Grandes hondonadas dirigen a los ríos Reartes y Del Medio y el caserío parece salpicar con sus techos rojos el paisaje.

Nos acercábamos a La Cumbrecita y fueron apareciendo sus características esenciales. Los bosques se hicieron más espesos, el verde, más intenso y la tradición germánica se volvió más rigurosa que en el resto de la zona.

Estacionamos el auto y, de acuerdo con las normas locales, comenzamos a transitar por sus calles a pie. Disfrutamos de un pueblo agraciado por la naturaleza, al cual el invierno viste de blanco.

A lo largo del itinerario, donde no había una población descubrimos pequeñas chacras escondidas entre los cerros. En un marco incomparable, muchos deportistas desandan el camino en bicicleta desafiando el viento con paradas imprescindibles para sentir el perfume del aire en cada kilómetro.

Autor Mónica Pons Fotografo Pablo Etchevers

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