Punta Tombo, cuna de pingüinos

Una visita a la pingüinera permite caminar por su hábitat natural con el mar como compañía mientras ellos siguen con su vida cotidiana, preparándose para la llegada de sus crías.
Recién cuando el camino de ripio nos depositó en la entrada de la reserva provincial de Punta Tombo, tomamos conciencia de la magnitud de la colonia de pingüinos que vive en ella. En sus pequeños domicilios de la costa atlántica argentina, estas aves desarrollan su vida durante varios meses cada año.

Calcular cuántos ejemplares se reúnen en ese predio es como acertar a la lotería. Ya dentro, aceptamos la invitación de los guardafaunas de formar parte de una visita guiada, ya que estábamos expectantes por conocer sus costumbres y por adentrarnos en ese murmullo constante que oíamos.

Algunos pingüinos caminaban lentamente con un paso corto y meneado y otros parecían correr como si perdieran el colectivo. Graciosos y activos, llegan en pareja para ocupar sus nidos, aparearse y esperar el nacimiento de sus crías cuarenta días después.
  • Un acontecimiento natural y único

    Un acontecimiento natural y único

  • La magnitud de la colonia de pingüinos

    La magnitud de la colonia de pingüinos

  • El mar como compañía

    El mar como compañía

  • Distintos miradores

    Distintos miradores

  • Ellos siguen con su vida cotidiana

    Ellos siguen con su vida cotidiana

Ocupan unos tres kilómetros de extensión de la costa marítima, donde el suelo es rocoso y se encuentra cubierto por arenas, arcilla y pedregullo. Ellos mismos cavan las cuevas donde el terreno es más arenoso.

Desde hace varios años, el recorrido de las visitas no es libre, sino que debe respetarse la circulación por el sendero interpretativo. Un puente de madera permite apreciar de cerca sus movimientos, cómo las parejas permanecen sobre los huevos para mantener la temperatura o dan de comer a sus pichones.

“¿Qué comen?”, curiosidad de un chiquito que abría sus ojos negros y prestaba atención a la respuesta. “Anchoítas, moluscos y calamares que buscan en el mar.”

Mientras caminábamos muy cerca de los nidos, nuestro guía nos fue contando de sus costumbres, de su formas de cortejo y de las peleas entre machos por guardar el territorio o la hembra elegida. Como buenos nadadores, cada año llegan en el mes de septiembre a la costa y recién cuando las crías se alimentan por sí mismas en marzo del año siguiente regresan por mar hacia las aguas más cálidas del sur del Brasil.

El predio formó parte de una estancia; sus dueños lo donaron con el fin de proteger la mayor colonia continental del pingüino de Magallanes, con casi dos millones de individuos.

Varias veces nuestros hijos intentaron desprenderse de nuestra mano para acercarse a los pingüinos e intentar tocarlos, pero no sólo está prohibido sino también desaconsejado. Los pingüinos son inofensivos pero se defienden con su fuerte y filoso pico si se sienten atacados, ellos o sus crías.

“El macho suele tener unos 70 centímetros de altura y de 4 a 5 kilos de peso. Las hembras son de porte menor. Ambos lucen un particular plumaje que se asemeja a un smoking.” El Centro de Interpretación de Pingüinos de Magallanes ofrece un enfoque recreativo e informativo, a cargo de personal especializado.

Otras aves marinas también comparten ese refugio de mar. Las gaviotas cocineras grises o australes, los cormoranes reales, el pato vapor y varias especies más forman parte de esta gran familia que año tras año recibe más visitantes.

Mientras observamos cómo una familia de pingüinos realizaba una minuciosa limpieza de su plumaje, otro fuerte rebuzno (voz que emiten estas aves) se asemejó a una despedida por parte de los dueños de casa. Dejamos la reserva con la sensación de haber presenciado un acontecimiento natural y único.
Leer paseo completo... Mónica Pons / Eduardo Epifanio

Datos Útiles

Dificultad: Baja

Duración: 3 horas

Horario: La reserva permanece abierta desde septiembre hasta marzo. El resto del año los guardafaunas preservan el hábitat, a fin de proteger y conservar la fauna.

Cómo llegar: Salir de la ciudad por la ruta nacional 25 y tomar el desvío a la provincial 1. En total son 120km hasta la reserva provincial.

Para tener en cuenta: La vigilia de los pingüinos: en la segunda mitad del mes de septiembre, una transmisión televisiva permite apreciar durante 72 horas continuas on line el arribo de las aves a la reserva.

Sugerencias: Se recomienda utilizar gorro, protector solar, cremas humectantes. El terreno es desparejo, por lo que se debe usar calzado deportivo adecuado. Llevar agua mineral. Dejar residuos en los lugares adecuados o regresar con ella al retirarse. No exponga su cámara fotográfica a un probable picotazo de los pingüinos.

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