Una vuelta por Fray Bentos

Descubrimos el paisaje costero de esta bella región en velero. Navegamos por los ríos Gualeguaychú y Uruguay hasta la localidad de Fray Bentos, ubicada en tierras charrúas.

“Una muy buena manera de conocer el entorno natural es realizando una navegación en velero sobre las aguas mansas de los ríos Gualeguaychú y Uruguay para conocer la isla Libertad y el espectacular paisaje costero, hasta llegar a Fray Bentos, Uruguay” ― dijo Verónica, la propietaria de Ahoniken Turismo. La invitación era tentadora y la aceptamos.

Verónica hizo los arreglos por teléfono y nos dirigimos al puerto local para realizar el paseo. El cielo despejado, un sol radiante y el agua “planchada” anunciaban una jornada no muy movida río adentro.

Sobre el playón nos esperaban Felipe Tommasi, coordinador de la travesía, y un grupo de entusiastas que, igual que nosotros, no querían perderse la ocasión de hacer el viaje. Nos presentaron a Nicolás, Pedro, Daniel y Pablo, con quienes compartiríamos todo el día a bordo del velero Warrior.

  • El paisaje costero de esta bella región

    El paisaje costero de esta bella región

  • Una habitual tranquilidad

    Una habitual tranquilidad

  • Un rojo atardecer

    Un rojo atardecer

  • Sobre el Río Uruguay

    Sobre el Río Uruguay

Para nuestra suerte, contábamos con la experiencia de Felipe, quien lleva más de 30.000 millas navegadas a vela y se ha desempeñado durante años en la enseñanza de la vela deportiva y la prestación de servicios turísticos náuticos en Argentina y Brasil. Algunas de las expediciones de este hombre de apenas 33 años figuran en importantes libros de navegación, como la ruta desde Comodoro Rivadavia hasta España ida y vuelta y la “Expedición Ruta Austral”, en la que navegó más de 4.500 millas en hobiecat de 21 pies por las aguas australes de la Patagonia chilena y argentina, cruzando el Cabo de Hornos y con final de recorrido en Río de Janeiro, entre las más destacadas.


Descubrir el Gualeguaychú

Zarpamos. Con la cámara digital lista para capturar las imágenes más atractivas del litoral argentino y uruguayo, me dejé cautivar por la magia del paseo.

El velero en el que viajamos tenía 6 metros de eslora y la particularidad de que se le podía levantar la quilla y el timón, algo poco común en esta clase de embarcación. El Warrior tenía un camarote con cama cucheta y un baño, y brindaba servicios de almuerzos marineros que incluían la bebida.

Tras recorrer unos kilómetros, nos despedimos de la ciudad y poco a poco fuimos descubriendo el Gualeguaychú.

Pasamos frente a la costanera norte y nos encontramos con la isla Libertad. Este bello enclave posee pintorescas residencias privadas, un centro de deportes náuticos y un excelente balneario. Aquí solía reunirse el general Urquiza con los representantes de Brasil y Uruguay cuando organizaba la campaña contra Juan Manuel de Rosas.

Adelante, el río se abrió, encontrando la línea del horizonte en el lugar en que sus aguas se fundían con el río Uruguay, tras recorrer 16 kilómetros.

Antes de llegar al puesto de Prefectura Naval, donde hicimos los trámites de migración, se unió a nuestro viaje el velero “Soli”, de mayor tamaño y potencia. Presencié la camaradería que existe entre las personas que gustan de esta clase de hobbies; los saludos cordiales y las preguntas amables no se hicieron esperar.

La excursión es una aventura en sí misma. Esta clase de paseo es ideal para escaparse de la ciudad y, en tan sólo 15 minutos de navegación, escuchar los sonidos de las garzas que revolotean por los alrededores.


Un rojo atardecer

Felipe, todo un especialista, dejó que nos turnáramos frente al timón. Luego, nos dio un pequeño curso sobre nudos marineros y para ese entonces nos dimos cuenta de que pasábamos frente al puente internacional.

A babor, una draga encallada nos llamó la atención. “Una fuerte tormenta la hizo volcar”, nos contó Felipe, que sabe todo lo que pasó en la región, si de navegación y naufragios se trata.

Comenzó a atardecer y a lo lejos alcancé a ver las primeras luces de Fray Bentos. Una leve brisa acarició el banderín del Club Náutico de Gualeguaychú, haciéndolo ondear suavemente. El agua del Uruguay se tiñó de rosado y sobre el firmamento empezaron a aparecer las primeras estrellas, aquéllas que algún tiempo atrás señalaron la ruta a los primeros expedicionarios que buscaban en sus diminutas naves la tan preciada ruta hacia El Dorado.

La entrada al puerto de Fray Bentos fue tan tranquila como había sido el resto del viaje. Amarramos la embarcación y tocamos tierra firme. Salimos caminando en grupo y, con la mirada curiosa, observamos las mil cosas que tiene esa ciudad.

Autor Marcelo Sola Fotografo Gentileza Rionegro.gub.uy

DificultadDificultad: Baja
DuraciónDuración: Medio día.
HorarioHorario: A convenir con a la agencia de turismo
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