Historia de San Martín de los Andes



San Martín de los Andes fue fundada a partir de un acuerdo entre el general Rudecindo Roca y el cacique Curruhuinca. Roca había llegado a estas tierras en el año 1898 a cargo de la División de los Andes, cuyo objetivo era asentarse en el territorio. El acuerdo fue facilitado por el Sr. Serafín O. Galán Deheza, que unos años antes había trabado amistad con el cacique cuando fue a relevar la zona. Así, este valle donde los aborígenes se resguardaban de los crudos inviernos se convirtió en San Martín de los Andes.

Con calles y caminos muy precarios, que hacían que la vía de comunicación óptima fueran las aguas, la economía temprana del lugar se centró en la explotación forestal, agrícola y ganadera. Así fue como, finalmente, se decidió dividir los sectores de la cordillera para la producción de alimentos.

La división era la siguiente: el trigo era el fuerte de la zona de la Vega, donde se llegaron a instalar 15 molinos harineros, y en esta misma zona se fomentó en grande la ganadería, favorecida por ser un territorio de excelentes pasturas.

Por otro lado, en el valle de San Martín de los Andes los jardines de las casas fueron convirtiéndose poco a poco en huertas y lugares donde encontrar los más diversos árboles frutales, así como se propició también la fabricación artesanal y hogareña de dulces y jarabes.

Mientras tanto, la actividad de aserraderos y el asentamiento de poblaciones y familias pequeñas se encontró mayormente en la costa del lago Lácar.

Finalmente, en la extensión de la actual ruta provincial 48 hubo varios asentamiento de colonos que se dedicaron a la ganadería, la huerta, el sembrado de trigo y maíz y la cría de animales, fundamentalmente de corral.

No debe dejar de mencionarse el comercio con el país vecino de Chile, que se vio propiciado y especialmente favorecido por la escasez y lo rudimentario de las vías de comunicación y las enormes distancias con otras ciudades argentinas.

El Parque Nacional Lanín fue fundado en 1937 y cambió sustancialmente la vida de la población. A partir de este hecho, se comenzó a restringir la tala de árboles y se comenzaron a abrir nuevas vías de comunicación con otras zonas del país. La actividad agrícola ganadera prácticamente desapareció y comenzó a fomentarse fuertemente el turismo, que no paró (y hasta el día de hoy lo sigue haciendo) de crecer, con la apertura de caminos nuevos con vistas atractivas y naturales y las pistas de esquí en el cerro Chapelco. Empresas de turismo, créditos bancarios para emprendimientos, etc. completan el panorama fructífero para el desarrollo de una de las ciudades más turísticas y atractivas de la Argentina.