En cuatriciclos por los alrededores de Pinamar

¿Qué hacer en verano en Pinamar? Además de disfrutar de sus playas, de la gastronomía y de su movida nocturna, se pueden hacer exclusivas salidas en cuatriciclo que dejan extasiados y atónitos a quienes...

Para concretar nuestros deseos nos pusimos en contacto con la gente de All Terrain, que opera en la región con exclusivísimos cuatriciclos de todas las cilindradas, para que grandes y chicos puedan disfrutar de las excursiones que brindan.

Quedamos súper enganchados con el paseo en cuatriciclo que realizamos por los médanos de Villa Gesell, y por eso no quisimos perder la oportunidad de repetir la experiencia cuando hicimos base en Pinamar.

Para concretar nuestros deseos nos pusimos en contacto con la gente de All Terrain, que opera en la región con exclusivísimos cuatriciclos de todas las cilindradas, para que grandes y chicos puedan disfrutar de las excursiones que brindan.

  • Extasiados y atónitos

    Extasiados y atónitos

  • Una sensación única

    Una sensación única

  • Minutos de contemplación

    Minutos de contemplación

  • Un capítulo aparte

    Un capítulo aparte

Así conocimos a Gabriel, José, Gladis y al simpático Jerónimo de sólo 4 años, quien también se unió a nuestra aventura. En el local comercial fuimos provistos de four trax de 90, 200, 250 y 300 c.c. Luego de una pequeña charla de seguridad y de diagramar el circuito que haríamos –que prometía dunas gigantescas, playas extensas y tranquilas, y un frondoso bosque de pinos–, partimos con los “cuatri” por la Av. Enrique Shaw con dirección norte, rumbo al límite de la localidad balnearia.

En fila india, y prestando especial atención al tráfico vehicular, nos fuimos alejando de la civilización. Pasamos frente a la antigua terminal de ómnibus, luego por la entrada de la nueva cancha de golf, hasta que se terminó el asfalto.

Una tranquila calle de arena con tupidos árboles que parecían abrazarse en lo alto de sus copas, nos dio la bienvenida. Tras pasar frente a la Capilla Santa Teresa del Niño Jesús, consagrada el 12 de enero de 2002, y a la enigmática casa Capotesta, construida en la cresta de una duna muy cerca del mar, entramos de lleno en las extensas playas de Pinamar norte.

Llegar a esta región es una sensación única. El desértico paisaje que nos circunda, las frías aguas del Atlántico, con sus blancas espumas fabricadas con el romper de las olas y su ininterrumpido sonido, se funden en una hermosa impresión que nos sedujo desde el primer momento.

Casi sin pensarlo, cargamos las revoluciones del cuatriciclo y nos dejamos llevar por la velocidad que hacía rato quería imponerse. Nuestro siguiente objetivo sería trepar las inmensas dunas que, desafiantes, parecían llamarnos para que las conquistáramos.

Entre múltiples zigzags por las rutas imaginarias, fuimos ganando terreno. Emocionantes subidas y bajadas se apoderaron del momento, hasta llegar a lo alto de una duna que nos permitió registrar todo nuestro derredor. Atrás, un perenne y silencioso bosque de pinos, acacias, aromos y eucaliptos, se extiende por doquier. En los laterales, amarillas e interminables arenas conforman uno de los sitios más bellos de la costa. A nuestro frente, un bravío e índigo mar nos regala una postal que aún hoy, escribiendo esta nota, conservamos en nuestra retina.

Luego de unos minutos de contemplación, que en realidad parecieron eternos, Gabriel nos invitó a ver las acrobacias “aéreas” que haría con su four trax. Tiempo de vértigo, velocidad y adrenalina. El joven piloto no tarda demasiado en mostrar sus cualidades de manejo y, entre gritos de entusiasmo y aplausos, observamos los distintos saltos que se anima a realizar desde las escarpadas dunas.

Tras la frenética demostración, terminamos extasiados. Emprendimos el regreso, pero tomando un camino alternativo que nos llevó por las oscuras sombras del bosque pinamarense.

Disfrutar del bosque en cuatriciclo merece un capítulo aparte. El pseudo circuito, apenas marcado, nos permite contactarnos con la naturaleza en estado puro. Entre piñas y pinochas que cubrían el terreno con su particular color cobrizo, nos fuimos abriendo camino, admirando un Pinamar diferente. Las amenas anécdotas acerca de lo vivido resurgieron durante el regreso a All Terrain, haciendo que éste pareciera mucho más rápido.

Una vez más experimentamos la velocidad y el vértigo que generan los paseos en cuatriciclo por la costa argentina. Una vez más nos permitimos contemplar su belleza natural a través de la rápida y “movida” perspectiva. ¡¡Diversión asegurada!!

Autor Marcelo Sola Fotografo Secretaría de Turismo Municipalidad de la Costa

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