¿Tres ideas para empezar la Primavera en Buenos Aires?

25 Sep 2017 Buenos Aires por Pablo Etchevers

Arriba de un bus

Al llegar a la ciudad de Buenos Aires, queríamos aprovechar nuestra estadía al máximo. Nos preguntábamos: ¿por dónde empezar?

Descubrimos un ómnibus de excursión, muy colorido y sin techo, en el que podríamos conocer los puntos emblemáticos de la ciudad con un diagrama de paradas prefijadas. Lo abordamos, nos calzamos los auriculares y nuestra cámara de fotos comenzó a trabajar en 360° en el zigzagueo del tráfico de una ciudad de impactante edificación. 

Con la ayuda de los comentarios en off, conocimos algunos edificios públicos ligados a hechos históricos que dejaron su huella. Así, la Casa de Gobierno en Plaza de Mayo, el Congreso de la Nación con su magnífica estructura edilicia tipo italiana pasaron ante nuestros ojos y obturador.

      Admiramos Corrientes, la avenida que nunca duerme. Con sus teatros, cines y pizzerías, es conocida por sus librerías “de viejos”, donde se respira una atmósfera fascinante.

      El Parque Lezama

      Ubicado en el corazón del barrio de San Telmo, la zona goza de una inacabable historia. Con sus orígenes en el siglo XIX, en el lugar se encuentra el Museo Histórico Nacional y también una de sus perlas más famosas, el Bar Británico.

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      El parque Lezama es uno de los paseos más atractivos en la ciudad de Buenos Aires. Y también uno de los más antiguos. Ubicado en el barrio de San Telmo, en el límite entre Barracas y La Boca, la existencia del parque data de mediados del siglo XIX, cuando José Gregorio de Lezama compró el por entonces inhóspito territorio y lo remodeló por completo para construir un parque privado y una mansión de lujo con los toques estilísticos del paisajista belga Charles Vereecke.

      Una vez fallecido Lezama, en los albores del siglo XX, su viuda decidió vender las propiedades al gobierno de la ciudad de Buenos Aires con la condición de que se convirtiera en un parque público, cuyo nombre homenajeara a su difunto esposo. La mansión tuvo un destino similar, por lo que hoy se la conoce como el Museo Histórico Nacional.

      El lugar, hoy por hoy, cuenta con un estilo digno del pasado. Distinto de los grandes tumultos que se generan en las zonas del microcentro, en el barrio se respira y se vive en armonía. La tranquilidad parece ser su máximo atributo. En él, conviven los edificios y las casas antiguas características de San Telmo con su amplia vegetación. La entrada principal está en la intersección entre Defensa y Brasil, donde una imponente escultura de bronce en honor a Pedro de Mendoza aguarda a los visitantes.

      La Biblioteca Nacional

      Para muchos, los jardines que la rodean son el escenario ideal para disfrutar de esta bella construcción que imita un libro, y que es para muchos el símbólo máximo que tiene la literatura en nuestra ciudad. 

      Para acceder a ella desde la Av. Las Heras, se debe atravesar el Jardín de Lectura, pacífica plazoleta con fuente de agua, bancos y senderos. Ascendemos por su estructura de concreto y en la planta baja se encuentra la entrada. Pero si antes de internarnos en los libros queremos pasear un poco más, hacia el otro lado encontramos una escultura dedicada a Juan Pablo II, una barranca verde que se abre sobre las plazas de Recoleta y, más abajo, un monumento a Eva Duarte de Perón.


      La institución de transformó en la actual Biblioteca Nacional en los años `80 del siglo XIX, en consonancia con la reestructuración de las instituciones del país que se llevó a cabo en esa década. Su director de ese momento, Paul Groussac, impulsó la adquisición de un edificio exclusivo en Mendoza 564.


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