La idea era vivir la experiencia como habitualmente lo hacen los turistas que, alojados en los hostels de la ciudad, eligen un día ir de excursión a la cancha de Boca o de River y vivir así sentir la camiseta por unas horas. Recuerdo imborrable si los hay.
Así fue que decidimos alojarnos en uno de los hostels más tradicionales del viejo barrio de San Telmo. Al otro día, el calor del domingo y el numeroso grupo de turistas con los colores de Boca comenzaban a reunirse en la puerta que daba muestras claras de que una vivencia inigualable se acercaba de forma inmediata.
En cuestión de minutos llegaron los micros y comenzamos a subir lentamente. Había turistas de todas las nacionalidades del mundo, que pasaron a ser hinchas de Boca.
Todos con las camisetas y banderas comenzaban a entonar parte del cancionero oficial del famoso club: "Dale Boca, dale Boooo", "Diegoooooo, Diegoooooo, oleeeeee, oleeeeee" "Riquelmeeeee, Riquelmeeeee", "Palermoooo, Palermoooooo" y hasta el inconfundible "El que no salta es una gallina, el que no salta es una gallina", que logró fanatizar ya dentro del micro a un grupo de nómades turistas que ahora tenían algo en común con Argentina. Ya eran hinchas de Boca.
La entrada al famoso barrio y el arribo a la Bombonera terminaron de enamorarlos perdidamente de nuestro país. Los ojos de la mayoría quedaban fascinados al ver tanta pasión y locura alrededor de una cancha de fútbol. Chicos con sus caras pintadas, gente comiendo esa cosa rara llamada "choripán", algunos disfrazados quién sabe de que, banderas de todos los tamaños y una hinchada única llamada "la 12", que les costaba entender porque "cantaba sin parar, incluso después de que terminó el partido".
El grito de gol y el abrazo compartido no faltó y el "que vamo' a salir campeones, que vamo' a salir campeones" se empezó a escuchar de sus propias bocas. Al final del partido, todos los presentes estábamos unidos, sin saber quién era quién.
Los festejos siguieron fuera del estadio con pizza y cerveza bien fría, como para abandonar el barrio de la Boca nostálgicos, con la frente marchita. Los micros nos pasaron a buscar y dejaron a cada uno en su hostel. Sanos, intactos, seguros, pero ya todo era distinto. Desde esa tarde, cada uno de ellos se había transformado en "bostero".
