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Luego de un par de horas, decidimos parar para almorzar. El guía nos preparó una vianda liviana de rápida asimilación de calorías y proteínas para llenarnos de fuerza y continuar la marcha. A esa altura, ya podíamos percibir las aguas del lago Tromen. |
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Momentos después continuamos el ascenso. Ingresamos a un sector de mayor pendiente, así que la marcha decreció y las paradas se hicieron más extensas. De esa manera, eliminábamos la fatiga y el cansancio. El guía decidió tomar una ruta directa hacia el refugio asignado. La senda por la que seguimos tenía un grado de dificultad medio, cada movimiento tenía que ser bien controlado y constante.
Eran casi las 4 de la tarde cuando realizamos una nueva parada de ajuste. Las extremidades inferiores estaban cansadas y las mochilas ya se tornaban más pesadas. Paso a paso continuamos hidratándonos, comíamos barras energéticas e ingeríamos caramelos para aumentar nuestro nivel de glucosa. A esa altura, la vista era impresionante. Podíamos ver el lago Tromen junto a una montaña conocida como el Colmillo del Diablo. |
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Minutos más tarde vimos nuestro refugio, el R.I.M. 26 (Refugio de Infantería de Montaña) ubicado a los 2.450 m.s.n.m. Sólo teníamos ganas de llegar y una vez que llegamos nos cambiamos la ropa transpirada y nos aflojamos el calzado. El guía nos explicó que el “baño” estaba ubicado a unos 50 metros del R.I.M.
Hicimos ejercicios de elongación y estiramos los músculos para no sentirnos mal al día siguiente. Acomodamos las bolsas de dormir y seleccionamos el equipo. Una vez que ya estábamos más cómodos, el guía comenzó a derretir nieve para preparar agua y poder cocinar. Algunos se encargaron de la cena y otros de preparar una rica picadita para comer con algo caliente: sopa, té o café. |
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El horizonte naranja indicaba el comienzo del atardecer. Luego de una pequeña charla que nos instruyó sobre cómo utilizar el equipo técnico (grampones y piquetas), nos dispusimos a cenar. La comida, claro, era a base de carbohidratos: ravioles con salsa de hongos. Es importante una buena cena porque energiza y “alimenta el espíritu de la aventura”, señaló el guía.
Tras la cena, dejamos las linternas a mano y nos acomodamos en las bolsas de dormir. Reinaba el silencio, que sólo fue interrumpido por el viento que azotaba el techo del refugio de montaña. Todos nos dormimos hasta el amanecer siguiente.
El gran día |
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Finalmente llegó el día más agotador y maravilloso de nuestras vidas. Comenzamos por levantarnos y acomodar nuestros bártulos. Mientras el ayudante de montaña preparaba el desayuno, el guía evaluaba si las condiciones climáticas nos permitirían intentar el ascenso hasta la cumbre.
Tomamos un desayuno caliente con galletitas y frutas secas para incorporar calorías; nos colocamos protector solar y crema de cacao en los labios para cuidarnos del sol; nos abrigamos y cargamos la mochila con comida, líquido y ropa. |
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Con un amanecer maravilloso, comenzamos el ascenso. Eran alrededor de las 3 de la mañana y el sol rojizo se hacía presente para acompañarnos durante nuestra travesía. El sol del Lanín es impresionante.
El guía nos indicó con paciencia cómo ponernos los grampones para continuar. Seguimos subiendo la pendiente haciendo zigzag. Para caminar correctamente con esta parte del equipo, se debe asentar primero la punta del grampón y terminar el movimiento del pie apoyando el talón. De esta manera, todas las puntas permanecen apoyadas en la nieve. |
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Luego de dos horas de caminata llegamos al refugio C.A.J.A. (Club Andino Junín de los Andes), ubicado a los 2.600 m.s.n.m. Desde allí la vista es inolvidable; miramos con absoluta admiración los volcanes Llaima, Quetrupillán, la laguna Huaca Mamuil y las conformaciones pétreas conocidas como La Peineta y el Colmillo del Diablo. |
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