ANISACATE

Fiel exponente del paisaje serrano del valle de Paravachasca, Anisacate creció como villa de veraneo de los habitantes de la ciudad de Córdoba. Cuarenta y siete kilómetros la separan de ella y diez, de la vecina Alta Gracia.El zigzagueante río Anisacate sortea el pueblo y sus playas y balnearios son el centro de atracción durante la época estival. Sus aguas claras y poco profundas, y orillas con vegetación abundante que cobija de los fuertes rayos de sol imperantes, son ideales para el descanso y la contemplación.Es una villa para conocerla a pie y descifrar sus orígenes; algunos sectores aún conservan las acequias que llevaban agua a las estancias jesuíticas. Sus habitantes son gente pausada y los que llegan a disfrutar del tiempo libre imitan ese ritmo aunque más no sea por unos días.Un parque temático engloba varias esculturas realizadas por el artista Saúl Miller, santafecino de nacimiento pero cordobés por adopción. Figuras religiosas, de la música popular, de la mujer o la fuente de agua que recibe en el portal de entrada a la ciudad han salido de su taller.

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