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Enclavado junto al Valle de la Luna de la Provincia de San Juan y declarado en el año 2000 por la UNESCO como Patrimonio Natural de la Humanidad, Talampaya es un parque que cuenta con un alto grado de valor por su riqueza arqueológica y paleontológica, en donde el visitante, con un poco de imaginación, puede soñar que en este territorio riojano empezó la vida.
Para llegar a esta inhóspita región debemos viajar por la RP Nº 26 que une Valle Fértil (San Juan) con Villa Unión (La Rioja), nos desviamos unos 15 Km. aproximadamente para llegar así al centro de informes del P. P. Talampaya.
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Los guías locales nos orientarán sobre los distintos circuitos que se pueden realizar. El sitio cuenta con instalaciones sanitarias, un buffet y un predio libre para hacer campamento, a pesar de no contar con instalaciones típicas de camping, pero que es recomendable para pasar una noche, si uno quiere recorrer varios circuitos dentro del cañón o si no quiere manejar luego de un largo día de excursión.
El Parque Nacional Talampaya posee un cañón donde el tiempo se ha detenido, dejando mostrar una geografía que nos remonta a épocas de los dinosaurios, donde su color rojizo en la tierra y en sus paredes nos hace recordar a la era del fuego. Sus piedras talladas registran, como evidencia, las primeras manifestaciones de la aparición del hombre.
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Al transitar el lugar es muy probable que nos topemos con zorros que merodean el lugar para ver si logran conseguir algún resto de comida. Más allá que no son animales domesticados, están acostumbrados a la presencia del humano, lo cual hace que se dejen apreciar a cercana distancia.
Podremos ingresar al parque con vehículo propio (solo si es una 4x4 o similar), siempre acompañado de un guía del parque o sino se puede contratar el servicio de una camionetas pic-up y así despreocuparse del manejo y disfrutar a pleno de la recorrida de cualquiera de sus circuitos.
Las salidas duran entre 1.30 hs.- la mas cortas – y otras de una jornada entera.
La puerta del cañón
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Una vez que dejamos atrás el puesto de informes llegamos a la puerta del Gran Cañón. Paredes que oscilan entre los 80 a 100 mts. de altura nos rodean por ambos costados.
El guía nos indicará que estamos transitando por el lecho del río Talampaya, río que hace varios siglos atrás contaba con un gran caudal de agua y por consecuencia con una biodiversidad muy amplia de vegetación tropical y animales de gran porte. Hoy por hoy, nos encontramos con unos pocos ejemplares que han sobrevivido y se han adaptado a este nuevo paisaje desértico.
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En esta región conviven cuises, vizcachas, armadillos, maras, guanacos, pumas, hurones, junto con aves como el cóndor, caranchos, aguiluchos, martinetas, choiques y ñandúes; entre los reptiles vemos lagartijas, lagartos, culebras y serpientes. En época de lluvia aparecen una gran variedad de sapos y ranas.
La vegetación típica de suelo árido cuenta con ejemplares de algarrobos y diversos tipos de arbustos, casi todos espinosos y achaparrados, los cuales visten el suelo rojizo de Talampaya. Jarrilla, chica, retamo, pichana, chañar, brea garabato, palo azul, mistol, tusca y espinillos son algunos de los ejemplares que se han adaptado y desarrollado en esta zona.
Atractivos de interés
Unos de los primeros atractivos con los que nos toparemos son las manifestaciones humanas bien visibles.
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En una roca de forma horizontal nos encontraremos con una sucesión de morteros. Más adelante veremos petroglifos indígenas.
En grabados sobre pizarras verticales se deslumbran gráficos representando animales, signos y figuras geométricas y humanas similares al del hombre pero con cabezas grandes o cascos, dando a pensar sobre la aparición de extraterrestres.
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Internándonos cada vez más en el río seco pasaremos por grandes paredones anaranjados. Conoceremos así la "Chimenea", canaleta vertical de gran altura, erosionada y moldeadas por el agua de las lluvias que caen desde la cima.
Continuando el camino nos esperan diversas figuras en las paredes del cañón, como "Los Farallones" y El Rey Mago con su camello. Con formaciones en puntas simulando arte gótico vemos "La Catedral y Las Torres. Ya terminando de atravesar el cañón llegamos a una columna solitaria llamada "el Monje".
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Otros circuitos posibles son "Los Cajones" y "Ciudad Perdida", ambos de mayor duración que el del trayecto hasta "El Monje".
Las épocas ideales para visitar esta hermosa región de la Argentina son otoño o primavera sobre todo para evitar las temperaturas extremas.
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