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Paseando por la ciudad de San Martín de los Andes, encontramos un afiche que anunciaba: “Jineteada en Trabunco Arriba”. Al verlo, nos entusiasmó ese ambiente campero, tradicional y tan cercano a la ciudad, y hacia allí fuimos. Desde la costa del lago Lácar, teniendo como referencia el monumento al Gral. Roca, tomamos hacia la izquierda el camino asfaltado que pasa por detrás del edificio del que fuera el Hotel Sol. A partir de allí el camino es de ripio, una de las rutas de acceso al cerro Chapelco.
“Trabunco” es el nombre de un río que aporta sus aguas al lago Lácar y atraviesa un área habitada por una comunidad mapuche. Se trata de gente acostumbrada a la vida de campo, a capear el frío y la nieve, y cuya economía ha ido cambiando en los últimos años. Antes dependían únicamente de la venta de leña y artesanías. En la actualidad, en particular los más jóvenes, se han incorporado a la vida laboral de San Martín de los Andes. A pesar de ello, siguen siendo fieles a las creencias y costumbres inculcadas por sus mayores.
Entre cerros y quebradas, atravesamos el paraje Puente Blanco, en cual que viven familias de ese origen dedicadas a la crianza de cabras, bueyes y animales domésticos. El caballo forma parte de su vida diaria, tanto para trasladarse como para complementar las tareas agrícolas. Las jineteadas son momentos propicios para demostrar habilidad para la monta y dominio del animal.
Al llegar a esas tierras, comenzó el disfrute. Lomadas verdes con árboles más bien achaparrados, sectores boscosos de especies altísimas y mucho silencio. Casitas se desparraman aquí y allá con sus corrales y unos pocos animales domésticos. Desde lejos, la polvareda nos señaló el campo de la jineteada. Ya cerca, se sumó un atractivo humito con sabor a asado. |
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Ingresamos y la sensación de fiesta nos invadió. Por todos lados veíamos hombres arreglados con sus mejores atuendos, su faja preferida y el sombrero o boina de todos los días; familias enteras acompañaban a los jinetes para alentarlos. El locutor, asistido por un coplista campero, amenizaba el lapso entre potro y potro. Dijo que despuntarían el vicio jinetes de la localidad e invitados de parajes vecinos para prepararse para la Fiesta del Puestero, la cual se realiza todos los años durante febrero en Junín de los Andes.
Desde el corral del fondo trajeron un bagual zaino corcoveando, que se negó a que lo ataran al palenque, desde donde el jinete comenzaría a mostrar su habilidad. Vino la presentación del hombre y del animal. Aquel, calzado con sus botas de potro, de un salto subió al lomo del caballo desprovisto de montura. Ocho segundos debía permanecer ahí taconeando con las espuelas todo el tiempo. Los ayudantes de campo y el comisario de la prueba estaban atentos a los detalles del reglamento. Cuando todo estuvo listo, el comisario levantó su rebenque. Los movimientos nerviosos del animal, sumados a la fuerza y valentía que ponía el propio jinete, hicieron que se levantara una gran polvareda que cubría la escena mientras los presentes gritaban. El joven puso a prueba su hombría en esos pocos segundos con gran éxito y todos festejaron. El zaino siguió su camino alterado rumbo al corral, donde el resto de la tropilla esperaba su turno. |
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Hubo un recreo hasta que la próxima dupla se hiciera presente y una invitación a acercarse a la cantina. Viejos pobladores, acodados en el alambrado, recordaron sus años mozos. Algunos niños se paseaban a caballo llevados de la rienda por un familiar.
Así siguieron las pruebas de bastos y encimera y grupa con cuero, una tras otra. Una tarde vivida a todo campo. Las jineteadas sureñas tienen algunas características propias en relación con las pampeanas, pero no se diferencian en el esfuerzo y la entrega de los jinetes.
Mientras caía el sol en la montaña, comenzamos el regreso a la ciudad. Otra vez se sucedieron las lomadas, los pastos verdes, las viviendas de los mapuches. En ese momento de despedida, comenzó a invadirnos una enorme sensación de respeto hacia esa gente que aún conserva sus tradiciones y que nos permitió estar en su tierra y participar de sus actividades. Nos despedimos hasta el año siguiente, cuando nuevamente un cartel nos conducirá hasta nuestros nuevos amigos. |
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Para tener en cuenta:
Es necesario consultar en la ciudad de San Martín de los Andes, posiblemente en la Dirección de Turismo, antes de dirigirse al predio, ya que no se indica cuál es el campo de la jineteada. |
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