Pescadores sin muelle

Fueron muchas las sudestadas que se encargaron de destruir el muelle de pescadores de Monte Hermoso, uno de los más largos que tenía la costa atlántica. Hoy, sin embargo, en sus alrededores continúa la pesca.

Quienes tuvimos la suerte de conocerlo, lo guardamos en el recuerdo, en el baúl de la niñez. Era hermoso y uno de los más largos que tenía la costa atlántica, hasta que empezó a deteriorarse y un par de fuertes sudestadas se encargaron de romperlo hasta hacerlo intransitable.

En él se hacían pescas memorables, ya que eran tantos los metros de hormigón que se internaban en el mar, que bastaba con tirar la caña o bajar el mediomundo para dar con verdaderos trofeos.

Luego se fue cayendo y se hizo imposible levantarlo nuevamente. El mar, que de eso sabe y mucho, se encargó de ir erosionándolo todo hasta dejarlo tal como lo vemos hoy: con sus viejos pilotes grises solitarios separados por los metros que planificó el hombre cuando lo construyó.

  • Fieles pescadores

    Fieles pescadores

  • Balneario familiar

    Balneario familiar

  • 32 km. de amplias playas

    32 km. de amplias playas

  • Antiguo muelle

    Antiguo muelle

  • Un placer en el mar

    Un placer en el mar

  • Pude verse al sol nacer y ponerse sobre el mar

    Pude verse al sol nacer y ponerse sobre el mar

Hoy, su esqueleto se sigue divisando desde varios kilómetros y en él todas las mañanas es posible ver como decenas de pescadores artesanales (que formaron una cooperativa de pesca en las viejas instalaciones del muelle) vuelven a internarse en el mar del mismo modo que lo hacían los pescadores en el pasado de este balneario.

Antes, las embarcaciones eran arrastradas hacia el mar y luego “sacadas” gracias a la ayuda de caballos y carretas, y esto es algo que puede verse en fotografías en los restaurantes más viejos del pueblo que ha crecido.

Hoy no se utilizan caballos sino tractores, pero la imagen es la misma y la “sorpresa” de ver si hubo pesca o no, si salió algún ejemplar fuera de serie o si no habrá pesca del día, sigue siendo la atracción de cientos de turistas que todos los veranos se convocan al mediodía o a la tarde, antes de que caiga el sol, para esperar la llegada de las embarcaciones desde mar adentro.

La pesca artesanal ha recuperado un lugar que tuvo siempre y que motivó decenas de historias al estilo Hemingway sobre peces enormes y anécdotas más grandes que día a día salen del agua para divulgarse por las calles de Monte Hermoso.

El muelle ya no está, pero sí sus pescadores. Como sucede siempre en un pueblo que orilla en el mar.

Autor Pablo Etchevers Fotografo Pablo Etchevers

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